Opinión

Ha llegado la hora de que los reyes dejen de veranear en Mallorca

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Creo que ha llegado la hora de que los reyes pongan fin definitivamente al modelo de vacaciones que instauraron en su día don Juan Carlos y doña Sofía, con centro en la isla de Mallorca. Y que busquen otro distinto, ajeno a ese lugar.  Aunque solo sea porque los actuales monarcas están siendo maltratados allí. Esa razón ya bastaría.

Es de recordar que esos veranos fueron un ‘invento’ del marqués de Mondéjar, jefe de la Casa del Rey, ilustre mallorquín nacido en Palma, que logró atraer a su tierra a la familia real, entre otras formas consiguiendo que la diputación habilitara el Palacio de Marivent como residencia.

Obviamente, las condiciones y circunstancias eran casi perfectas, incluyendo la pasión de don Juan Carlos, y de toda familia, por el deporte de la vela.

Una anécdota. En aquellos iniciales años, don Juan Carlos comentó, en broma, a un grupo de periodistas y fotógrafos, que le llamaban “el tacaño”. Y añadió riendo: “Porque siempre estoy regateando”.

Ciertamente, en Mallorca, los anteriores reyes y sus hijos han vivido veranos inolvidables, tranquilos y pacíficos, también porque la sociedad local les acogió con respeto, con cariño y hasta con agradecimiento. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado sustancialmente.

Por citar lo último. El viernes, en la recepción ofrecida por los reyes a la sociedad balear, hubo una manifestación ante el Palacio de la Almudaina contra de la presencia de Felipe VI, convocada por la Asamblea Soberanista de Mallorca. Unas 150 personas se congregaron con lazos amarillos, banderas republicanas, esteladas y pancartas pidiendo la “libertad de rehenes políticos”. Y reclamando la devolución del Palacio de Marivent

En otra zona, unas 300 personas montaron una contramanifestación, a favor del rey, organizada por Societat Civil Balear  y Convivencia Balear.

Ambas manifestaciones provocaron que los reyes no pudiesen acercarse al público que acudió a recibirles a las afueras de la Almudaina. Y a la recepción faltaron buen número de autoridades mallorquinas.

No quiero detenerme en el atavío y forma de presentarse del presidente del Parlamento Balear, Baltasar Picornell, cuando fue recibido por Felipe VI, que seguramente han avergonzado a no pocos mallorquines, pero sí he de lamentar el posterior comentario que realizó, rompiendo las normas sobre la reserva acerca de las conversaciones con el monarca, atribuyéndole la afirmación de que estaba “dispuesto a tender puentes con Cataluña”.

Respecto al cambio de lugar de vacaciones, rompiendo así una exclusiva que tan favorable (y rentable) ha sido y es para Mallorca, cabe recordar que a mediados del siglo XIX la reina Isabel II empezó acudir a San Sebastián para bañarse en las aguas del Cantábrico, y que posteriormente María Cristina, esposa de Alfonso XII, tras enviudar, trasladó los veraneos de la Corte a esa ciudad, donde construyó a su costa el Palacio de Miramar, consagrando así el destino y fama turística de San Sebastián.

Hace unas décadas, se montó en España una cierta polémica nacional cuando Santander propuso convertirse en capital turística de los reyes y su familia, sustituyendo a Palma. El proyecto no salió adelante.

San Sebastián, Santander… Opciones alternativas no van a faltar, para que los reyes encuentren un lugar más amigable donde pasar el verano. E incluso cubría la posibilidad de establecer una especie de rotación, visitando sucesivamente diferentes zonas del país.

No se me oculta que eso provoca  problemas añadidos de seguridad, pero La Zarzuela tiene medios muy cualificados para resolverlos.

Y esos cambios sucesivos ayudarían a acercar la familia real a la gente, apartándola también de la “corte de Mallorca”, que en su día se hizo tristemente famosa, y que tan poco gusta a la reina Letizia.

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En Twitter @JoseApezarena

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