Opinión

EL TERRIBLE DESTINO DE LOS PAHLAVI

p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 12pt;"Times New Roman"; }p { margin-right: 0cm; margin-left: 0cm; font-size: 12pt;"Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; } El desaparecido príncipe iraní contaba 44 años, pues había nacido el 28 de abril de 1966, segundo hijo varón del Shah Mohamed Reza y de su tercera esposa, la Shabanou Farah. Parece que su desdichado destino venía marcado desde el nacimiento, pues se le impuso el nombre de su tío carnal, fallecido en accidente de aviación en octubre de 1954.

Cursó sus estudios primarios en su patria y, al exiliarse su familia en Estados Unidos, tras un dramático peregrinar por Marruecos, Panamá, México y Egipto se graduó por la Universidad de Princeton, cursando también ampliación de estudios de Bellas Artes en la de Columbia y de Filosofía en la de Harvard, centrándose en investigaciones acerca del antiguo Irán y en materias filológicas.

Su vida sentimental, siempre de gran discreción, conoció un pasajero compromiso matrimonia en 2001l con Sarah Tabatabai, pero este noviazgo no culminó en boda. No obstante, en la actualidad mantenía una relación amorosa con otra mujer, que, según las primeras informaciones, fue quien descubrió el cadáver, tras oír la detonación de pistola que puso fin a la vida del Príncipe. La pareja ahora rota espera un hijo y, de no ser éste varón, la descendencia de varón de Mohamed Reza se extinguiría, pues, hasta el momento, su hermano, Reza II, no tiene más que hijas.

Esta muerte inesperada, aunque era sabido que el fallecido sufría de depresiones, se suma a la de su hermana, la Princesa Leila, pereció víctima de una soibredosis de barbitúricos, en la habitación de un hotel en Londres, el 10 de junio de 2001.

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