Opinión

El Corinavirus amenaza a Juan Carlos I… y a Felipe VI

El rey Felipe junto a don Juan Carlos.
photo_camera El rey Felipe junto a don Juan Carlos.

Desde muy joven, Juan Carlos de Borbón siempre tuvo una visión providencialista de la vida, que le llevó a adoptar numerosas decisiones arriesgadas, en la confianza de que al final todo saldría bien. Y durante mucho tiempo los hechos le dieron la razón.

La forma como llegó al trono, pero sobre todo la historia de la transición política de España, constituyen una especie de demostración de esa, por así llamarlo, buena suerte, o baraka, como suele decirse entre los árabes.

Sin embargo esa obra aparentemente perfecta y triunfadora empezó desmoronarse al final de su reinado. El entonces rey se vio acosado desde numerosos ámbitos, empezando por la salud, siguiendo por las dificultades familiares y en el matrimonio, continuando con el caso Nóos, y culminando con el episodio de Botsuana y su vidriosa relación con la auto titulada princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

Tengo que admitir que, cuando empecé a tener conocimiento de los asuntos relacionados con la alemana Corinna, no me entraba en la cabeza que un personaje como Juan Carlos de Borbón, que tantas pruebas había dado de visión política y de instinto de supervivencia, estuviera cometiendo errores tan flagrantes.

Fueron comportamientos incompresibles, incluso acogiéndose a aquel sentido providencialista que aparentemente le daba garantías de que, hiciera lo que hiciera, no pasaría nada, no habría consecuencias.

Pero las ha habido. Las está habiendo ahora mismo. Y graves. Hasta el punto de que podría hablarse de que el rey emérito se encuentra amenazado por el Corinavirus, si se me permite usar una expresión que no es mía.

Podemos, Esquerra, PdeCAT, PNV, Bildu y Compromís apoyan la petición de que se cree una comisión de investigación en el Congreso para aclarar lo relativo a los 65 millones de euros ingresados en la cuenta de Corinna, procedentes de Arabia Saudí y supuestamente entregados por don Juan Carlos.

Desde el entorno de la comisionista alemana se ha llegado a decir que el dinero fue “un regalo” de don Juan Carlos, a ella y a su hijo, a los que había “cogido cariño”.

La justicia Suiza, lo mismo que la fiscalía anticorrupción española, están investigando también si ese dinero procede de comisiones pagadas por la concesión, a un consorcio de empresas españolas, del AVE La Meca-Medina.

En mi opinión, el escándalo de esas comisiones no va a tener, en principio, un gran recorrido judicial o parlamentario.

No judicialmente, porque la inviolabilidad constitucional del monarca le deja fuera de cualquier reclamación en los tribunales.

No parlamentariamente, porque, aparte de que las comisiones han sido siempre una juerga (un cachondeo, diría otro), manejadas a placer por el respectivo gobierno o partido, en este caso las grandes formaciones (PP, PSOE, Ciudadanos) votarán en contra de poner en marcha una investigación. Además, en repetidas ocasiones la Cámara ha establecido que no tiene competencia para enjuiciar al jefe del Estado.

Las consecuencias demoledoras del asunto Corinna se sitúan en el ámbito político. Y sobre todo en el de la opinión pública.

La movida de los partidos que han reclamado una comisión parlamentaria hay que entenderla mirando a su condición de formaciones políticas declaradamente anti monárquicas.

Asistimos, por tanto, a una maniobra táctica, que busca aprovechar un episodio escandaloso, porque lo es, para seguir erosionando el crédito de la monarquía.

Porque, por si alguien no lo tuviera claro, el objetivo del consorcio de partidos republicanos no es Juan Carlos I. En la diana han colocado la monarquía, y por tanto al actual monarca, Felipe VI. Se busca un vuelco del sistema político vigente en España con la Constitución de 1978.

Además de no negar la existencia de esos ingresos, Corinna afirma que se va a querellar contra don Juan Carlos, y hasta contra el ex director del CNI, Félix Sanz Roldán.

No sé cómo se ha escapado de las manos un asunto que parecía controlado. Quizá es que, como ha sucedido antes con otros líos semejantes, lo que ha ocurrido es que se ha dejado de pagar a la insaciable comisionista alemana.

Soy, por supuesto, partidario de que se aclare lo ocurrido. De que se sepa todo, en el caso de que se haya cometido alguna irregularidad. Y más aún si se trata de hechos delictivos. Que se sepa, se publique, y que cada palo aguante su vela.

Dicho lo cual, he de añadir que los incomprensibles, lamentables, errores cometidos por don Juan Carlos en su última etapa no borran lo mucho que ha hecho por este país, aunque lo ensombrecen en gran medida.

Y también que Juan Carlos de Borbón ha pasado a ser historia. No es rey de España desde hace casi seis años. Si existe Corinavirus, le afectaría a él.

Pienso que, aunque tal sea el propósito de los partidos que están reclamando una comisión de investigación en el Congreso, habría que evitar un contagio al actual monarca.

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