Opinión

El primer charco de los reyes

Leonor recibirá este sacramento con nueve años, dos más de los que tenía Felipe VI cuando hizo la Primera Comunión, y en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Aravaca en lugar de en el Palacio de La Zarzuela, como sucedió con su padre y con las infantas Elena y Cristina.

La reina Letizia dijo una vez, en una conversación privada mantenida con un grupo de periodistas, que “lo importante es no meterse en charcos”. Quizás el hecho de que la heredera haga la Primera Comunión de esta manera tan ‘discreta’ sea una fórmula para esquivar la polémica en este tipo de asuntos de carácter religioso.

Por una parte, la princesa de Asturias, en consonancia con la tradición católica de la monarquía española, recibirá este sacramento. Pero, por otro lado, será un acto sencillo y exento de matices festivos: tendrá lugar en un día laborable, y si la familia lo desea habrá una celebración privada al margen de este acto.

Además, con la fórmula de no dar relevancia a la Comunión los reyes podrán mantener la condición de que sus hijas lleven una vida lo más normal posible hasta que crezcan, prácticamente alejadas de las actividades oficiales de la institución y en un discreto segundo plano que apenas permite ver imágenes de ellas con regularidad.

Es una manera de pasar el ‘trámite’ sin levantar polémica. Cumplir con la tradición católica de la familia real, pero sin meterse en ‘charcos’ en un estado aconfesional.

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