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Mswati III impone el toque de queda y la violencia policial para sofocar en Suazilandia las protestas en favor de la Democracia y los Derechos Humanos

Este pequeño país del África Austral lleva varias semanas agitado por manifestaciones

President Barack Obama and First Lady Michelle Obama pose for a photo during a reception at the Metropolitan Museum in New York with, His Majesty Mswati III King of the Kingdom Swaziland, Wednesday, Sept. 23, 2009. (Official White House Photo by Lawrence Jackson)



This official White House photograph is being made available only for publication by news organizations and/or for personal use printing by the subject(s) of the photograph. The photograph may not be manipulated in any way and may not be used in commercial or political materials, advertisements, emails, products, or promotions that in any way suggests approval or endorsement of the President, the First Family, or the White House.
photo_camera Mswati III en 2009 (centro de la imagen), durante un viaje oficial a EE.UU. This official White House photograph is being made available only for publication by news organizations and/or for personal use printing by the subject(s) of the photograph. The photograph may not be manipulated in any way and may not be used in commercial or political materials, advertisements, emails, products, or promotions that in any way suggests approval or endorsement of the President, the First Family, or the White House.

Mientras su nación se ve sacudida por violentas manifestaciones, tal vez Mswati III podría haber huido del país; así al menos lo sostienen varios medios de comunicación locales. La BBC, por su parte, afirma que su avión privado salió del reino el lunes por la noche y podría encontrarse en Sudáfrica. El Gobierno lo desmintió, manifestado en un comunicado que el Rey está "en el país y sigue gobernando".  

Para sofocar los disturbios (oficialmente, para combatir el COVID-19), el Ejecutivo ordenó el martes que todos los negocios cerrasen a las 3:30 P.M. y, además, dictó un estricto toque de queda para que los residentes desaparezcan de las calles entre las 6:00 PM y las 5:00 AM. También clausuraron las escuelas. La Policía advirtió que aplicaría "tolerancia cero" a los infractores. El acceso a Internet está igualmente restringido en este pequeño país del sur de África, pobre y sin salida al mar. 

Antiguamente conocido como Suazilandia, el montañoso reino de Eswatini está inmerso en unas revueltas sin precedentes. En las redes sociales han circulado vídeos no verificados que muestran a la Policía dispersando violentamente a los manifestantes. Activistas de la sociedad civil afirman que ocho personas han muerto y decenas han resultado heridas en los enfrentamientos con la Policía. Las autoridades declinaron hacer comentarios sobre las cifras, negándose a responder a los medios. “Desafortunadamente, las protestas que estamos viendo últimamente han sido secuestradas por elementos criminales. Eso no puede ser aceptable bajo ninguna circunstancia ”, afirmó el primer ministro en funciones, Themba Masuku, en un comunicado.

Sospechosa muerte de un estudiante

Los jóvenes de este país de 1,3 millones de habitantes piden una democracia multipartidista y poder elegir a su primer ministro. Como explica la ONG, Human Rights Watch, todo comenzó en mayo, cuando "estudiantes y profesores empezaron a protestar por el asesinato de un estudiante de Derecho, Thabani Nkokomonye, a manos de la Policía". Las autoridades iniciaron una investigación, pero las protestas dieron un nuevo giro a finales de junio, cuando 500 jóvenes salieron a la calle en el distrito de Manzini, a 30 kilómetros de la capital, Mbabane, para reclamar reformas democráticas.

Las manifestaciones son poco frecuentes en Eswatini. El Rey nombra a los ministros, controla el parlamento y los partidos políticos están oficialmente prohibidos desde 1973. "El poder judicial está corrompido y se han utilizado leyes represivas para atacar a las organizaciones independientes y acosar a los activistas de la sociedad civil", resume Human Rights Watch. "Durante estos años, no ha habido ningún avance democrático ni reforma en los Derechos Humanos", continua explicando la ONG.

Siniestras bufonadas 

Coronado en 1986 a la edad de 18 años, Mswati III suele ser criticado por su mano de hierro, sus payasadas y su fastuoso estilo de vida. El monarca es conocido internacionalmente por una ceremonia tradicional, la Umhlanga, la danza de la caña. Cada año, el monarca convoca a todas las muchachas vírgenes del reino. Durante esta celebración, el soberano, del que se dice que tiene unas quince esposas y treinta hijos, se reserva el derecho de elegir a una nueva esposa de entre las jóvenes.

Detrás de la postal, que seduce a algunos turistas atraídos por el folklore, la situación resulta catastrófica en esta excolonia británica, que obtuvo su independencia en 1968. Eswatini tiene, de hecho, una de las esperanzas de vida más bajas del planeta (51,6 años, según una estimación de 2016), principalmente porque es el país del mundo con la mayor tasa de prevalencia del VIH en adultos, con un 25,9%.

Además, dos tercios de la población viven por debajo del umbral de la pobreza. En 2019, una serie de huelgas de funcionarios, que acusaban a Mswati III de vaciar las arcas del país a costa de sus ciudadanos, ya había sacudido al país. "La riqueza de la nación (algodón, tabaco, arroz, hierro, madera...) es confiscada sistemáticamente por el Rey y sus familiares. Cualquier empresa extranjera, como la filial de Coca-Cola, debe ceder el 51% de sus acciones a un fondo soberano en manos del monarca y, por tanto, aceptar a un miembro de la Familia Real en su consejo de administración", describe Lucky Lukhelé, portavoz de la Red de Solidaridad de Suazilandia, un movimiento prodemocrático.

Aunque reina la pobreza, el monarca no oculta su pasión por los relojes y los coches de lujo. En 2019, la oposición en el exilio había informado de un regalo colectivo para el rey y sus familiares: la compra de 19 Rolls-Royce y 120 BMW por un total de 15 millones de euros. Mswati III también hizo construir un aeropuerto internacional en 2014 por 140 millones de euros, aunque que las conexiones aéreas son escasas y las infraestructuras viarias resultan muy deficientes.

Sudáfrica y EE.UU.

Eswatini depende de Sudáfrica para gran parte de sus suministros. Preocupada por el aumento de la violencia al otro lado de la frontera, Sudáfrica instó el jueves a las fuerzas de seguridad del pequeño país a que den muestras de "total contención" para preservar las vidas humanas. "Estamos especialmente preocupados por los informes sobre la pérdida de vidas y la destrucción de propiedades", dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Sudáfrica, Clayson Monyela, en un comunicado.

Washington también pidió al Gobierno que permitiera las manifestaciones pacíficas. "Estados Unidos insta a todas las partes implicadas en esta situación a que no sólo mantengan la calma, sino a que permanezcan en paz", señaló a la prensa la portavoz del Departamento de Estado, Jalina Porter. "No hace falta decir que Estados Unidos apoya firmemente la libertad de expresión, así como la libertad de reunión pacífica, y sabemos que un diálogo inclusivo y pacífico es esencial para avanzar", añadió.  

Estados Unidos mantiene una relación cordial con el reino, cuya elevada prevalencia del VIH lo ha convertido en un país prioritario en la multimillonaria iniciativa norteamericana de lucha contra el SIDA.

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