El confidente de la corte

'Los pueblos autóctonos, guardianes de la Tierra', por la Princesa Esmeralda de Bélgica

princesse Marie-Esmeralda de Belgique
Olivia Droeshaut & Yves Dethier © DYOD

La Princesa Marie-Esmeralda de Bélgica, nacida el 30 de septiembre de 1956, en el castillo de Laeken, es miembro de la Familia Real Belga. Es la hija menor del Rey Leopoldo III y su segunda esposa, Lilian Baels, titulada Princesa de Réthy. Marie-Esmeralda es periodista, escritora y codirectora de documentales sobre temas históricos y medioambientales. También es activista medioambiental y defensora de los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas. En calidad de embajadora honoraria de la WWF de Bélgica, el pasado 22 de junio publicó una carta sobre los pueblos originarios, que reproducimos a continuación:

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Los pueblos indígenas son los mejores administradores de la Tierra. Lo sabíamos, pero el reciente e importante informe de varias organizaciones medioambientales, entre ellas el WWF, da por fin una base científica a esta observación. Confirma que casi todas las tierras gestionadas por comunidades locales o indígenas están en buen estado ecológico.

Esta zona representa un tercio del planeta y abarca al menos el 36% de los hábitats más importantes para la biodiversidad mundial, como el Amazonas o la cuenca del Congo. La conclusión de este estudio es clara: no podemos ganar la lucha contra la pérdida de biodiversidad y la crisis climática sin una estrecha colaboración con las comunidades indígenas y locales.

Tenemos mucho que aprender de sus conocimientos tradicionales. Por ejemplo, sus prácticas agrícolas tradicionales, adaptadas a condiciones climáticas cada vez más extremas. En Bangladesh, por ejemplo, los aldeanos están creando huertos flotantes para hacer frente a las inundaciones. También están plantando más árboles resistentes a la sequía o manglares como protección contra la erosión costera. En los Andes ecuatorianos, los quechuas utilizan un antiguo sistema de riego y drenaje para combatir los efectos del calor y las heladas. En Australia, los aborígenes llevan miles de años combatiendo los incendios forestales con su técnica de tala y quema. 

El sistema alimentario indígena es también muy diverso, con frutas, plantas, granos y pescado a menudo desconocidos fuera de su región, lo que podría aumentar nuestro suministro de alimentos y contribuir a la seguridad alimentaria mundial. Lo más importante es que los pueblos indígenas viven en perfecta armonía con la naturaleza gracias a una gestión sostenible de los recursos arraigada en su cultura y modo de vida, lo que garantiza la mejor protección de la biodiversidad. También tienen un buen conocimiento de las condiciones y patrones meteorológicos que han impresionado a los científicos durante mucho tiempo. Carlos Nobre, el climatólogo brasileño, expresó su admiración por la comprensión de las comunidades amazónicas de la interacción de las plantas y el ciclo del agua. Hacía tiempo que habían observado que la reducción de los bosques provocaba una disminución de las precipitaciones, lo que aumentaba la sequía. Los conocimientos de los indígenas sobre las plantas medicinales también eran importantes. Todas estas observaciones ecológicas tradicionales, transmitidas de generación en generación durante siglos, son holísticas y se basan en el respeto a la Naturaleza y en la interdependencia de cada especie vinculada por relaciones de equilibrio que no deben romperse. Pueden hacer una contribución esencial a la ciencia y la tecnología modernas.

Pero más allá de verlos como aliados indispensables, también debemos proteger los derechos y la propia existencia de los pueblos indígenas. Especialmente afectados por la crisis climática y ecológica debido a su modo de vida en simbiosis con los ecosistemas de los que dependen para sus recursos y su cultura, también están en primera línea de defensa de sus tierras y, por tanto, sufren violencia y agresiones.

Esto es especialmente cierto en el Amazonas. Sólo en las últimas semanas, los mineros han disparado desde sus barcos a grupos de yanomanos que estaban junto al río. Este grupo étnico ya ha pagado un alto precio por las incursiones de los mineros de oro y los madereros ilegales en su territorio. Muchos han muerto envenenados por los productos químicos que han quedado en el suelo y en los cursos de agua. En el estado de Pará, son los Munduruku los que se enfrentan a crecientes invasiones. En Mato Grosso, Valdelice Verón, líder del pueblo Guarani-Kaiowa, hace un llamamiento desesperado a Europa, instando a sus líderes a dejar de ser cómplices del "genocidio" del gobierno brasileño contra los indígenas.

"Los indios son la tierra. Y la tierra para los indios es la justicia", dijo Luciano Mariz Maia, fiscal brasileño. Esto es lo que está en juego en esta lucha que nunca ha cesado. Las riquezas del subsuelo de su territorio son una maldición para las poblaciones locales de América Latina, pero también de África y Asia. Víctimas de la colonización, diezmados por las enfermedades, la esclavitud y los abusos, explotados y marginados, ahora son víctimas de las multinacionales petroleras y mineras que no les consultan, les expulsan de su territorio y utilizan la violencia y la intimidación.

En Brasil, donde los derechos de los indígenas están consagrados en la Constitución de 1988 y donde las tierras demarcadas les han sido entregadas en usufructo, los indígenas siguen sufriendo discriminación y sus derechos son constantemente cuestionados. Desde la llegada al poder de Jair Bolsonaro, que no ha ocultado su desprecio por los indios y su deseo de abrir sus territorios al desarrollo agrícola y a la minería, estos se han enfrentado a un recrudecimiento de la violencia física, los desalojos y la criminalización. Además, un proyecto de ley (nº 490) para permitir la explotación minera, la construcción de carreteras y las centrales eléctricas en tierras protegidas, aunque se ha pospuesto recientemente, sigue sobre la mesa del Senado.

En este año 2021, crucial para nuestro futuro, con la Conferencia sobre Biodiversidad en China, la Conferencia sobre el Clima en Escocia y el Congreso Mundial de la Naturaleza en Francia, es esencial que los pueblos indígenas sean reconocidos como socios indispensables y participen en las negociaciones. La extrema urgencia de la crisis climática y la catastrófica pérdida de biodiversidad deben hacernos comprender que es necesario un nuevo enfoque. La conservación de la naturaleza no puede seguir siendo el dominio predominante de los países del Norte y también debe ser "descolonizada". Debe ser inclusiva, respetando los derechos de la población local y consultándoles sobre las decisiones y acciones que afectan a su tierra, estilo de vida y cultura. El objetivo de conservar al menos el 30% de la tierra y los océanos para 2030 nunca podrá alcanzarse a expensas de la población local y sin su participación. Es una cuestión de justicia y moralidad, así como una medida esencial para garantizar la supervivencia de la humanidad. 

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