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Las diferencias entre un deudor de buena fe y uno de mala fe, por Libertad Sin Deudas

Una de las dudas más repetidas en relación con la Ley de Segunda Oportunidad es la relativa a la diferencia entre un deudor de buena fe y uno de mala fe. La diferenciación es fundamental, puesto que para poder acogerse al mecanismo de la Segunda Oportunidad y obtener la cancelación de las deudas mediante la exoneración del pasivo insatisfecho, es indispensable ser un deudor de buena fe. Lo explica todo el equipo de Libertad Sin Deudas. La pregunta es ¿Cuánto se entiende que existe buena fe?, ¿la buena fe civil es igual que la regulada en la Ley Concursal?

¿Qué significa ser un deudor de buena fe?

Para entender correctamente el concepto de deudor de buena fe es fundamental analizar los requisitos establecidos en el artículo 487.2 de la Ley Concursal para que un deudor se considere que actúa de buena fe. El primero es que el concurso no se declare culpable. El concurso de acreedores es culpable cuando el deudor tenía obligación de solicitarlo y no lo hizo. Por lo tanto, el concurso de acreedores debe haber sido fortuito, es decir, que la situación de insolvencia del deudor ha dependido de la mala suerte. 

Por otro lado, es importante que el deudor no haya sido condenado en sentencia firme por delitos contra el patrimonio, el orden socioecómico, falsedad documental, delitos contra la Hacienda pública o la Seguridad Social o contra los derechos de los trabajadores, en los diez años anteriores a la declaración del concurso. En el caso en que exista un procedimiento penal pendiente, el juez concursal paralizará su decisión hasta que se dicte una sentencia firme. 

Sin embargo, es importante diferenciar el concepto civil de deudor de buena fe del concepto concursal y, por lo tanto, del deudor que se considera de buena fe a los efectos de la aplicación del beneficio de exoneración del pasivo insatisfecho. 

En este sentido, la sentencia del Tribunal Supremo núm. 381/2019 de 2 julio, establece que: «Por lo tanto, la referencia legal a que el deudor sea de buena fe no se vincula al concepto general del art. 7.1, sino al cumplimiento de los requisitos enumerados en el apartado 3 del art. 178 LC. La naturaleza de estos requisitos es heterogénea».

¿Qué significa ser un deudor de mala fe?

En función de todo lo anterior, ya se tiene claro lo que es un deudor de buena fe que puede beneficiarse del mecanismo de la segunda oportunidad. Por el contrario, existen casos en los que podría considerarse que se está ante un deudor de mala fe. Por ejemplo, poner una vivienda a nombre de otra persona para evitar embargos. En estos casos se considera que el deudor actúa de mala fe, puesto que está ocultando patrimonio para evitar que sus acreedores cobren las deudas. Cabe recordar que la ocultación de bienes es un delito que se regula en los artículos 257 y 258 del Código Penal. Por otra parte, si una persona ha obtenido el Beneficio de Exoneración de Pasivo Insatisfecho (BEPI) y, posteriormente, se descubre que ha ocultado bienes, el beneficio se podría revocar. 

Otro ejemplo sería rechazar una oferta de trabajo adecuada. Si la persona física que tiene deudas ha rechazado un puesto de trabajo adecuado para su formación y experiencia, se podría considerar que es un deudor de mala fe, puesto que ha rechazado obtener ingresos para mantenerse en una situación de insolvencia. 

Cometer delitos como robo, estafa o falsedad documental es otro ejemplo. La falsedad documental se puede cometer en una empresa, por ejemplo, cuando se falsifica la cuenta de pérdidas y ganancias de la empresa o se falsifica una firma de una persona (el administrador de la sociedad). 

Otro caso sería cometer delitos contra Hacienda o la Seguridad Social. En este caso se considera que el deudor es de mala fe, por ejemplo, porque ha eludido el pago de impuestos o ha recibido devoluciones indebidas. También se entiende que existe mala fe cuando no se ingresan cuotas de la Seguridad Social o se disfrutan beneficios indebidos (una reducción en las cuotas que no corresponde, por ejemplo). En ambos casos el importe defraudado debe ser mayor de 120.000 euros. 

Como último ejemplo se encuentra el hecho de cometer delitos contra los derechos de los trabajadores. Se trata de supuestos en los que, por ejemplo, un empresario no les concede vacaciones a los empleados o pone en riesgo su salud en el trabajo porque no se toman las medidas para la prevención de riesgos laborales adecuadas.

En cualquier caso, para evitar problemas en la aplicación de la Ley de Segunda Oportunidad y en la obtención del beneficio de exoneración de pasivo insatisfecho, es fundamental contar con la ayuda de abogados expertos en la Ley de Segunda Oportunidad que analicen cada caso y vean si efectivamente se puede considerar a la persona un deudor de buena fe.

Los interesados pueden consultar el canal de YouTube de Libertad Sin Deudas, donde encontrarán una entrevista completa sobre la Ley de la Segunda Oportunidad y donde resuelven las dudas más habituales.


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